Carta pastoral por la cuaresma de Mons. Ubaldo Santana

CARTA PASTORAL

CON MOTIVO DEL INICIO DEL SANTO TIEMPO DE CUARESMA 2009

 

Amados presbíteros, diáconos permanentes, personas de especial consagración, hijas e hijos de  en Nuestro Señor Jesucristo,

 

Nuestra Santa Madre la Iglesia nos convoca a todos a entrar en el santo tiempo de Cuaresma. Es un tiempo litúrgico marcado de manera especial por los misterios de nuestra redención” (San León Magno, Sermón 6 sobre la Cuaresma), un momento favorable de salvación (Cf.  2 Co 6,1-2) para prepararnos a la celebración de la Pascua de Cristo Jesús (Cf. Lc 22,15). Son llamados a iniciar esta preparación intensa tanto los adultos que se preparan para el bautismo – los catecúmenos- como todos los fieles bautizados. [1]

 

Los catecúmenos realizarán los últimos  pasos antes de recibir  en la Vigilia Pascual,  los sacramentos de la iniciación cristiana: el bautismo, la confirmación y la eucaristía. Los fieles ya bautizados,  somos  invitados en cambio a rememorar nuestro bautismo y a emprender un camino de conversión, de penitencia y de profundización de nuestra fe para estar en  condiciones de renovar, en la celebración de la Noche Santa de la Pascua, nuestras promesas bautismales. 

 

Por eso, como Obispos  pastores de esta noble grey, los llamamos a todos, hermanos y hermanas, a aprovechar, con gran disponibilidad y apertura de corazón, esta oportunidad que nos ofrece la Iglesia. Que nadie, como proclama el profeta Joel, se quede sin atender esta apremiante invitación: “convoquen la asamblea, reúnan al  pueblo, junten a los ancianos, traigan a los niños, aún a los niños de pecho. Que el recién casado deje su alcoba y su tálamo la recién casada. Que no falten los ministros del Señor. Que ellos también acudan y lloren sus pecados” (Joel  2,12-18).

 

La Cuaresma es un camino espiritual que nos ayuda a salirnos de los caminos del pecado y a volver a lo esencial de nuestra fe cristiana.  ¿Qué es lo esencial para nosotros los  cristianos?  Lo esencial es  amar a Dios con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma  y con todas nuestras fuerzas (Cf. Dt 6,4), siguiendo como discípulos a Jesucristo su Hijo, cargando diariamente con nuestra cruz (Cf. Lc 9, 23-24)  y amando al prójimo como el mismo Cristo nos amó a nosotros (Cf. Jn 13,34; 15,12-13). Para  alcanzar esta meta la Iglesia nos invita a contemplar con atención amorosa el misterio redentor del Señor – su dolorosa pasión, su muerte en la cruz, su sepultura, su resurrección gloriosa,  su ascensión a la derecha del Padre y la comunicación de su Espíritu- a sumergirnos con el en su Pascua (Cf. 2 Tim 2,11) y a   transformarnos en  sus testigos y misioneros en la Iglesia y en el mundo. 

 

La invitación anual que la Iglesia nos hace de recorrer este camino de conversión y penitencia hacia la Pascua es altamente saludable porque, como dice Pablo, llevamos el tesoro de la gracia en  vasijas de barro (2 Co 4,7). Como Jesús, nosotros también estamos constantemente sometidos a las asechanzas del Maligno (Cf. Mt 4,1-11). El apóstol Pedro lo describe como un león  rugiente buscando a quién devorar (Cf. 1 Pe 5,8).  [2]

 

Vivimos  en un mundo regido por una cultura global que idolatra el consumo, el placer, el poder y la fama; una sociedad permisiva, carente de valores éticos y regida por el  relativismo moral. Las leyes se han puesto a favor de la anticultura de la muerte, dando licencia para matar a inocentes en el vientre de la madre, a los ancianos desahuciados y a los discapacitados. Las desigualdades y las injusticias sociales ensanchan cada vez más la brecha entre ricos y pobres. Personas, familias, pueblos enteros se van cargando de resentimientos, de odio, de rabia y no ven otra salida a sus problemas que el  de la violencia.

 

Ante tantas tentaciones y peligros, San Pablo nos apremia a fortalecernos en el Señor y a revestirnos de las armas de Dios para poder resistir las asechanzas del diablo. [3] Si no atendemos este urgente llamado del Apóstol en esta Cuaresma, si no buscamos con determinación los caminos de Dios, corremos el riesgo de paganizarnos más y más y de vivir un cristianismo de fachada, carente de fuerza para transformar nuestras vidas,  nuestras familias y  nuestra sociedad. Nos habremos vueltos luz que no alumbra, sal que no sala, fermento que no hace crecer el Reino de Dios. Ciegos conduciendo a otros ciegos.

 

Cuaresma es entonces el  tiempo apropiado para iniciar un serio proceso de conversión, revisar nuestros comportamientos, detectar cuáles son las tentaciones en las que con mayor frecuencia caemos, qué pecados personales y sociales necesitamos combatir, qué vicios debemos desarraigar, qué relaciones dañadas o torcidas requerimos sanar.

 

Nuestra Madre la Iglesia no solamente nos invita a emprender con  seriedad esta lucha  sino que nos ofrece los medios para llevarlo a cabo. A la conversión debe seguir  la  penitencia para combatir, mediante el sacramento de la  reconciliación,  el pecado en todas sus dimensiones, interno y externo, personal y social. También coloca en nuestras manos la Palabra de Dios y nos enseña  a escucharla, a interpretarla y a ponerla en práctica a través de la lectura orante de la Biblia.

 

Estos días de penitencia cuaresmal son momentos fuertes “particularmente apropiados para los ejercicios espirituales, las liturgias penitenciales, las peregrinaciones…las privaciones voluntarias como el ayuno y la limosna, la comunicación cristiana de bienes” (Catecismo de la Iglesia Católica N 1438). La recitación comunitaria de la liturgia de las Horas, el desprendimiento de los bienes superfluos, el servicio voluntario  humanitario en favor de tantos seres humanos marginados, la práctica cotidiana del amor incondicional y servicial en favor de los pequeños y de los pobres, son caminos reales de conversión que, conjuntamente con una intensa vida sacramental,  nos permitirán atravesar el desierto cuaresmal,  identificarnos más con el pueblo de la alianza y llegar renovados a la Pascua.

 

Hermanas y hermanos muy amados, los invitamos a todos a vivir intensamente esta Cuaresma 2009. Dejémonos conducir por las enseñanzas y el espíritu apostólico de San Pablo que experimentó, camino de Damasco, una profunda conversión que lo transformó de enemigo y perseguidor de cristianos en un apasionado predicador y apóstol de Jesucristo. No hay situación de pecado de la cual no nos pueda liberar la fuerza poderosa de la pasión de Cristo.  La recepción de la ceniza ha de ser un signo exterior por medio del cual expresemos nuestro deseo y disposición interior de iniciar un serio camino de conversión que tenga continuidad y desemboque en una vida nueva en Cristo,  la tierra prometida de la Pascua.

 

Acometamos con más entusiasmo nuestro Proyecto de renovación pastoral que, reforzado por el espíritu misionero de la Misión Continental, nos cohesiona como Iglesia Evangelizadora.  La Arquidiócesis ha publicado este año la Guía Paulina. Este material nos ayudará a entrar en la dimensión comunitaria de las Cartas de Pablo, a  reflexionar y celebrar la vida de testigos de la fe que nos convocan con su testimonio a hacer camino de santidad personal y comunitaria en esta iglesia particular de Maracaibo y a crecer en espíritu misionero.

 

Son muchos los lugares de nuestra Iglesia particular que están necesitando ser evangelizados. Inmensas barriadas están surgiendo al sur y al oeste de nuestra ciudad. La Misión Continental es un nuevo campanazo  que nos hace tomar conciencia de la gran necesidad que tenemos de formar y enviar  a esos lugares misioneros, evangelizadores, proclamadores de la Palabra, catequistas de adultos y de niños, voluntarios para labores humanitarias y caritativas, candidatos al sacerdocio, al diaconado permanente y a la vida consagrada. Seamos generosos y acudamos a nuestras parroquias, a nuestras rectorías y a los centros de evangelización para ofrecer nuestro tiempo,  nuestros talentos y tesoros.

 

La participación en la Campaña Compartir de este año nos da la oportunidad de hacernos más sensibles a  la dramática situación de nuestros hermanos los refugiados y de descubrir el modo de contribuir en la atención de este doloroso problema humano. Involucrémonos en  la colecta de este año para que sea más abundante que la del año pasado y que sobretodo provenga de nuestro ayuno, “el cual ha de consistir mucho más en la privación de nuestros vicios que en la de los alimentos”. Lo recaudado será destinado a compartir con Cáritas nacional y a  fortalecer el trabajo de nuestra Oficina de Justicia y Paz, especialmente  el programa de atención a los refugiados y desplazados.

 

Acojamos con interés  la Semana de Doctrina Social de la Iglesia que este año llega a su tercera edición y que tendrá lugar en la segunda semana de Cuaresma. Démosla a conocer y utilicémosla como una sólida herramienta para formarnos en las implicaciones sociales del cristianismo,  para crecer en conciencia solidaria y buscar con otros hermanos la construcción de una patria más justa, más libre y más democrática. Otra magnifica herramienta de evangelización y de formación es el semanario provincial “La Grey Zuliana”. Hagamos el propósito en esta Cuaresma de leerlo,  de utilizarlo y de darlo a conocer. 

 

En la travesía de este desierto cuaresmal, coloquémonos, con un  corazón contrito y humillado, en manos de María Santísima. Ella es la mejor oyente, discípula y servidora de la Palabra de Dios y por consiguiente no hay nadie mejor que ella para enseñarnos a ponerla en práctica y a entregar nuestra vida entera a Jesucristo, nuestro Señor y Salvador, que murió y resucitó por nosotros. Así llegaremos a las fiestas de Pascua llenos del Espíritu de vida, fortalecidos en el amor y  colmados de entusiasmo y alegría para anunciar la Buena Nueva y trabajar unidos con todos los hombres y mujeres de buena voluntad para que se haga realidad en  Venezuela y entre los venezolanos el Reino de   justicia, de libertad y de  paz que tanto anhelamos.

Los bendecimos de todo corazón sus padres y pastores

 

+Ubaldo R. Santana Sequera                                      + Cástor Oswaldo Azuaje Pérez

    Arzobispo de Maracaibo                                                        Obispo Auxiliar

 


[1]Es propio de la fiesta de Pascua que toda la Iglesia se regocije por el perdón de sus pecados, y ello no sólo en los que renacerán por el sagrado bautismo, sino también en los que han sido ya anteriormente agregados a la porción de los hijos adoptivos” ( San León Magno)
 

[2] San León nos recuerda en el referido sermón que nos es “necesaria a todos la cotidiana renovación contra la herrumbre de nuestra condición mortal, y nadie hay que no tenga el deber de afanarse continuamente por una mayor perfección; es necesario un esfuerzo por parte de todos para que el día de nuestra redención nos halle a todos renovados”.

 

[3] Porque, nuestra lucha no es contra la carne y la sangre, sino contra los principados, contra las potestades, contra los dominadores de este mundo tenebroso, contra los espíritus  del mal que están en el aire” (Ef. 6,-20).

 

Acerca de secatmaracaibo

Arquidiócesis de Maracaibo
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